martes, 18 de junio de 2019



EL ESPACIO DOMÉSTICO A TRAVÉS DE LA ICONOGRAFÍA 

PICTÓRICA DE LA EDAD MODERNA. 
Tema de Investigación. VII parte.


Las tapicerías, usadas tradicionalmente para caldear el hogar revistiendo con ellas paredes y suelos, fueron grandes diferenciadores de las clases sociales por ser sus materiales y elaboración demasiado costosos para la mayoría de la población[1]. Los tejidos —desde alfombras a cortinas, tapices o reposteros[2]— constituían una forma mucho más visible de distanciarse del vulgo que el mobiliario ya que éste era muy similar en la mayoría de los hogares. Los textiles se usaron más adelante, además, para demarcar las estancias a través de sus representaciones iconográficas, según tratasen temas religiosos o profanos.

A través del estudio y la observación de las representaciones pictóricas se pueden distinguir los diferentes centros de producción de textiles, —como Flandes, el mayor productor de tapices desde el siglo XIV—y la transición de temas orientales hacia otros renacentistas y barrocos. Además de discernir la datación de sus representaciones y los movimientos comerciales que se producían en cada periodo histórico, las adaptaciones a nuevos modelos foráneos y cambios de gusto.

Tomemos como ejemplo las diferencias entre las series “Almirante” y “Holbein[3]”: en las primeras destacaban los motivos geométricos y ornamentaciones vegetales, animales y humanas, mientras las segundas se distinguían por el uso de colores brillantes y lazos, palmetas y estrellas insertados en octógonos que durante el Renacimiento fueron sustituidos por coronas de laurel[4]; o las series “de labor de brocado” o “labor de guadamecí”, elaboradas en la ciudad albaceteña de Alcaraz durante los siglos XV y XVI y que se identifican por su decoración a base de granadas y piñas.

En el trabajo del cuero, destacaron los cordobanes y guadamecíes tanto de producción peninsular como centroeuropea y que están presentes en descripciones literarias, bibliográficas y pictóricas como elementos sobresalientes y de prestigio.

Veamos algunos detalles textiles en estos ejemplos de pintura flamenca:











































































[1] GONZÁLEZ MARRERO, María del Cristo. La casa de Isabel la Católica. Espacios domésticos y vida cotidiana. Ávila: Excma. Diputación de Ávila. Institución “Gran Duque de Alba”, 2005, pág. 125.
[2] Según la Real Academia Española “Paño cuadrado o rectangular con emblemas heráldicos” —aunque la temática representada se fue diversificando con el paso de los años—.
[3] Hans Holbein el Joven representó abundantemente este tipo de tejidos en sus obras, aunque —como señala M.C. González—ya lo hicieron antes Memling o Guirlandaio.
[4] GONZÁLEZ MARRERO, María del Cristo. La casa de Isabel la Católica. Espacios domésticos y vida cotidiana. Ávila: Excma. Diputación de Ávila. Institución “Gran Duque de Alba”, 2005, pág. 131.

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