EL ESPACIO
DOMÉSTICO A TRAVÉS DE LA ICONOGRAFÍA PICTÓRICA DE LA EDAD MODERNA
El XVII es un siglo clave
para la estructuración de los espacios habitables domésticos ya que es cuando
se producen más cambios en el ámbito de la casa[1].
La casa continuaba siendo
un lugar versátil, donde la domesticidad y el desarrollo público o de cortesía
convivía, frecuentemente, con las labores profesionales de sus dueños. No es de
extrañar que, en sus representaciones, tanto literarias como pictóricas, nos
encontremos con espacios en los que aparecen diferentes muebles[2] y objetos relacionados con
estas labores, como en las dedicadas a diferentes profesiones por los artistas
de la época, como Hans Holbein el Joven o Johannes Vermeer —entre otros— y a
través de las se pueden establecer paralelismos y líneas resolutorias.
Al explorar las fuentes
iconográficas podemos encontrar representaciones a través de grabados, dibujos,
bocetos y pinturas, ampliamente descriptivos y con numerosos ejemplos de
escenas cotidianas en las que los espacios se articulan según las necesidades y
actividades femeninas y masculinas, que fueron quedando fijadas, sobre todo,
por la burguesía como modelo de convivencia y perfecta domesticidad desde
finales del Antiguo Régimen. Las estancias de la casa que estuvieron dedicadas
al trabajo sufrieron una paulatina transformación a través de los siglos XVI y
XVII para quedar totalmente independizadas ya en el XVIII, cuando el hogar
estará destinado al descanso y refugio masculino, tras haber realizado las
actividades laborales en el exterior, y en el que la mujer desarrollase sus funciones como esposa, madre y gerente de la
vida doméstica[3].
Imágenes: La mujer como protagonista del espacio doméstico en la pintura de Gerrit Dou
(1613-1675)
Imágenes: La mujer como protagonista del espacio doméstico en la pintura de Peter de Hooch
(1629-1684)
[1] POSTIGO VIDAL, Juan. El espacio
doméstico en Zaragoza en el siglo XVII: versatilidad y especialización.
Historia Social. 2012, (73), pág. 33.
[2] Estos espacios dedicados al
desarrollo profesional eran conocidos como “botigas”, en las que destacaban
muebles organizadores de objetos, como las arquimesas, y donde tenían especial
protagonismo los escritorios, piezas muy costosas y fuera del alcance de la
mayoría de la población. En: El espacio doméstico en Zaragoza en el siglo XVII:
versatilidad y especialización. En: POSTIGO VIDAL, Juan. El espacio doméstico
en Zaragoza en el siglo XVII: versatilidad y especialización. Historia Social.
2012, (73), págs. 34-37.
[3]FRANCO RUBIO,
Gloria. La vivienda en el Antiguo Régimen: de espacio habitable a espacio
social.
Chronica Nova. 2009, (35), pp. 63-103.



















































Increíble, como todo lo que tú haces
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